miércoles, septiembre 11, 2013

Adictos y limosneros

La manera de relacionarnos con las personas ha cambiado, tal parece que no necesitamos estar presentes físicamente para alimentar las relaciones personales.

Hay una correlación muy clara entre las relaciones sociales y la felicidad. Relacionarnos e interactuar nos produce felicidad. “El feis” nos permite establecer relaciones con personas que comparten nuestros intereses, estar en contacto con familiares y amigos y seguir manteniendo una relación con ellos aunque sea a distancia. Todo esto empezó para cubrir esas necesidades de contacto e intereses, pero cada vez son más evidentes las publicaciones que exponen parte de nuestra vida privada auto ventaneándonos. 

Hoy por hoy somos la generación en la que un “me gusta” equivale a una muestra de aprecio e interés, en algún momento esta satisfacción nos volvió limosneros de atención y los “me gusta” son el alimento de nuestra propia vanidad, dejando de importarnos quien los ponga sino la cantidad, nunca saciando así  el hambre por los “me gusta” y necesitando cada vez más. Y pobre de aquel que exprese un comentario negativo o de desagrado ante la foto de nuestra obra de arte, comida deliciosa, foto del perro o nuestro close up haciendo una sensual cara de pato, seguramente el sujeto que ha subido la foto se sentirá sumamente ofendido y corremos el riesgo de que nos “elimine” de su lista de amigos. Aquí no hay lugar para la crítica, el ego no se alimenta de eso.


Dicho lo anterior, tal parece que la interacción social es algo secundario cuando la principal motivación en facebook es ser tomado en cuenta y ser apreciado. El anhelo de obtener esa satisfacción a toda costa nos ha convertido en personajes que constantemente revisamos nuestro muro para saber que tan apreciada ha sido nuestra foto, comentario o cualquier otro tipo de publicación, invirtiendo así cantidades impresionantes de tiempo y cuando la satisfacción no es suficiente comienza una mayor exposición para alimentar cada vez más nuestro ego hambriento de atención. 


miércoles, septiembre 04, 2013

La loca del cincel



El otro día se escuchaban gritos y golpes en la casa de junto, era como si una persona estuviera discutiendo furiosamente, aunque ninguna otra voz se escuchaba. Transcurrieron aproximadamente 40 minutos entre gruñidos, gritos y golpes cuando el silencio invadió de nuevo la estrecha calle donde vivo. La vida en el barrio se ha vuelto peligrosa y si escuchas algo así no quieres ni asomarte a ver que pasa y yo como el hombre precavido y maduro que soy, permanecí inmóvil jugando play station en la comodidad de mi sala.

Después de unos minutos de calma los gritos de una mujer se escucharon de nuevo,..."vecino, vecinito... ayúdeme por favor!" y una y otra vez repetía lo mismo. Traté de ignorar los gritos de la vecina pero su voz era realmente irritable. Me paré del sillón y calladamente salí al balcón esperando que alguien más atendiera las suplicas sollozantes de la vecina. Nadie más que yo apareció y vi la cabeza de la vecina asomada por una ventana. 

Pocas veces la había visto, era una mujer de unos 40 años con profundas ojeras y el cabello amarrado con un trapo descolorido. "Vecino, que bueno que lo veo, ¿no tendrá un cincel?, fíjese que me dejaron encerrada y tengo que salir a hacer algunas cosas". Me sonreía al mismo tiempo que sus ojos lloraban, que sensación más extraña, continúo diciendo, "mis hijos llegan hasta dentro de una hora y yo no tengo llaves, sea bueno y deme un cincel." 

No quería averiguar nada sobre la situación de la mujer, y regresé a mi casa a buscar la herramienta. Me tomó un tiempo encontrarla y regresé con la vecina, ella me vio con el cincel en la mano y me gritó que se lo lanzara. Me pareció en extremo peligroso hacerlo, pero ella era tan insistente y no se callaba que accedí y al tercer intento lo atrapó, me dio las gracias y desapareció entre las sombras de la habitación. 

Regresé a la sala, se escucharon fuertes golpes en la puerta del patio trasero de la vecina y luego el abrir y cerrar de la puerta. La vecina subió a su auto y se fue. 

Han pasado 2 semanas, la loca mujer que vive a un lado de mi casa no me ha regresado el cincel y tampoco ha regresado a su casa, su familia sigue la misma rutina habitual y nada a cambiado excepto que ya no hay golpes ni gritos en la casa de junto. 

Si te preguntas si esto es solo un cuento te diré que sigo esperando que me devuelvan mi cincel. 






Things

Y una es así, tan complicada por las cosas mas sencillas. Tan impaciente por hacerlo todo y no dejar escapar nada que aveces se pierde en el...