
PREFACIO
Y ahí estaba yo, la iglesia adornada con hermosas rosas blancas impregnando todo el lugar con su perfume, no eran ni pocas ni demasiadas, simplemente la cantidad justa para que la pequeña iglesia se viera perfecta. Hacía tiempo que conocía a Alejandro, unos 5 años para ser precisa, coincidimos en algunas clases en la universidad, pero en ese entonces no imaginaba que se iba a convertir en mi mejor amigo, o debería decir en mi amor secreto.
El beso más difícil no es el primero, sino el último. (Paul Géraldy)